LAS SONATAS DEL ROSARIO DE BIBER

September 1, 2015

 

Las Sonatas del Rosario de Biber son una de esas obras únicas en la historia del arte. En una Salzburgo en la que aún se sentían los ecos del sabio Paracelso, en la ciudad que luego albergaría al genio universal de Mozart, nacía una de las obras más singulares y exquisitas que han sido creadas. Y, curiosamente, no hubo constancia de su existencia hasta el año 1889, siendo publicadas por primera vez en la Viena Jugendstill de 1905.

 

 

HEINRICH IGNAZ FRANZ von BIBER

 

“De todos los violinistas del pasado siglo (el XVII), Biber parece haber sido el mejor, y sus solos son los más difíciles e imaginativos de todos los que he visto en la época”. Así se expresaba Charles Burney, probablemente el musicólogo y crítico más influyente del período barroco.

 

Heinrich Ignaz Franz von Biber nació un 12 de agosto del año del Señor 1644 en la bohemia ciudad de Wartenberg. Poco es lo que sabemos de su vida, pero los documentos que nos la ilustran presentan a un virtuoso del violin, y dada ésta su condición, se estima que pudo ser Schmelzer quien le iniciara en los secretos del instrumento que empezaba a apuntar tan alto. Algunas teorías quieren ver en el segundo nombre de Biber, "Ignaz"-el cual no aparece en su partida de bautismo- la señal de su posible presencia entre los jesuitas en su juventud. Como tal, imaginamos que su rezo del Rosario fuera frecuente.

 

 

Hasta 1668 Biber trabajó en la corte del Príncipe Johann Seyfried von Eggenberg en Graz y después Kromeriz -justamente donde se conserva su conocida "Sonata representativa"- donde estuvo al servicio del obispo Karl Liechtenstein- Castelkorn. En 1670 empezó a trabajar para el arzobispo Maximilian Randolph von Khuenberg en Salzburgo. Llegó a ser nombrado Kapellmeister de la corte salzburguesa. Allí verían la luz obras inmortales, aunque algunas podrían haberse comenzado ya en Kromeriz.

 

Su fama trascendió  fronteras. Realizó giras de conciertos presentando sus obras y tocándolas de manera virtuosa. Se cuenta que, en ocasiones, realizaba los bajos de sus espléndidas sonatas con su propio pie en la pedalear del órgano, mientras que con su inagotable fantasía y los dedos de sus manos se dedicaba a realizar tiratas y ornamentaciones floridas y exuberantes con su violín.

 

Gozó, por todo lo anterior, de una gran reputación en vida como violinista, pero además fue un prolífico compositor que, a diferencia de otros compositores, no sólo escribiría música instrumental, sino también numerosa obra sacra, como Misas, Requiems y Motetes.

 

 

LAS SONATAS DEL SANTO ROSARIO

 

ROSENKRANZSONATEN

 

Se calcula que serían compuestas alrededor de 1676, y se las conoce como las Sonatas del Misterio, Sonatas Bíblicas o Sonatas del Rosario. Quien compiló las obras introdujo al comienzo de cada una de ellas un pequeño grabado, realizado quizás especialmente para la ocasión, con una imagen alusiva a cada uno de los quince misterios, cinco gozosos, cinco dolorosos y cinco gloriosos.

 

Biber escribiría de su puño y letra, en latín, esta formidable dedicatoria y declaración de intenciones en la primera página de su manuscrito:

 

“Nobilísimo y Reverendísimo príncipe,

Señor, Señor clementísimo.

Te dedico con toda humildad esta Armonía, que está consagrada al Sol de la Justicia y la Luna sin mácula, pues eres la tercera Luz, que has recibido de estos dos astros divinos. Como hijo resplandeces con una sacra dignidad, como hombre casto defiendes el honor virginal de la Madre. Por eso eres alimentado, como mereces, con el maná del cielo de manos de Jesucristo, y eres amamantado pródigamente por María nuestra Madre. Ella tomó la primera letra de su santísimo nombre y la puso al comienzo de tu nobilísimo nombre.  De este modo adornó María a Maximiliano. Encontrarás aquí mi lira de Cuatro Cuerdas afinadas de 15 modos diferentes en diversas sonatas, Preludios, allemandes, Courantes, Zarabandas, Arias, Chaconas, Variaciones, etc, con el Bajo continuo, elaboradas con diligencia y, según mis posibilidades, con la mayor destreza. Si quieres saber el motivo de mi proceder lo explicaré con claridad: he consagrado todo ello en Honor de los XV Sacros Misterios, que Tú tan fervientemente promueves.

 

A ti, NOBILÍSIMA ALTEZA

TE dedico, postrándome, estas obras.

Tu humildísimo siervo,

Henr: Ignat: Franciscus Biber.

 

 

El Salzburgo del Príncipe-Arzobispo Maximilian Gandolph, Conde de Kuenberg estaba repleto de cofradías del Santo Rosario, con lo cual su rezo estaba muy extendido y se practicaba con asiduidad en una época que, curiosamente, coincide con la única que se recuerda en Viena de persecución de brujas. Fomentando el rezo del Rosario se pretendía ofrecer la figura femenina contrapuesta e ideal.

 

El propio Arzobispo apoyaba a una de las cofradías más influyentes, en la cual se conservan unas bellas pinturas que representan los quince misterios de la vida de la Virgen más una decimosexta con el ángel guardián, recubriendo los muros de la sala de reuniones de dicha cofradía. En concreto, se encuentran dos ciclos completos de las imágenes, que recuerdan inequívocamente a aquellas que encabezan como ilustración a cada una de las Sonatas que Biber dedicó a dichos misterios.

 

Como Kapellmeister del Príncipe, parece obvio pensar que esta obra le fuera encargada directamente por su benefactor. Posiblemente, y dado que, en esta época, el uso de la música favorecía a menudo la meditación sobre cualquier tema (sobre todo religioso), podemos imaginar que tuviese la función de acompañar los hechos que relatan las pinturas, invocando esas imágenes sobre las que concentrarse.

 

Las sonatas, al igual que el rezo del Rosario y de sus misterios, se reparten por temas en grupos de cinco:

Misterios Gozosos

Sonata 1: La Anunciación

Sonata 2: La visitación

Sonata 3: El nacimiento del niño Jesús

Sonata 4: La presentación en el Templo

Sonata 5: El Niño Jesús es hallado en el Templo

Misterios Dolorosos

Sonata 6: La agonía de Jesús en el Huerto de Getsemaní

Sonata 7: La flagelación del Señor

Sonata 8: La coronación de espinas

Sonata 9: Jesús con la cruz a cuestas

Sonata 10: La crucifixión y muerte de Jesús

Misterios Gloriosos

Sonata 11: La resurrección

Sonata 12: La Ascensión

Sonata 13: Pentecostés

Sonata 14: La Asunción de la Virgen

Sonata 15: La coronación de la Virgen

Pasacaglia en sol menor para violin solo. Dedicada al Angel de la Guarda.

 

 

 

La mayor particularidad de esta música es que cada sonata es interpretada con un violín en una scordatura distinta.

 

Existen varias teorías sobre la inclusión de la Pasacaglia final, única obra para violín solo sin acompañamiento del continuo y ya sin scordatura, en este ciclo de 15 Misterios.

 

La Sonata 16 está dedicada al Angel de la Guarda, y su dibujo -esta vez a tinta- es idéntico en estilo a todos los otros grabados. Si bien algunos quieren ver en el hecho de que forme parte del cuaderno una economización del papel (tan al uso en una época en la que éste escaseaba o era difícil de obtener), otros lo atribuyen al hecho de ser un obsequio personal al arzobispo en el que “cabe ver un mensaje de protección a su persona, además de una imagen musical de firmeza (las cuatro notas sol-fa-mi-re, incesantemente repetidas)”. Sea como sea, la Passacaglia es, a nuestros ojos, la culminación absoluta de tan magna obra, y su calidad indiscutible como obra independiente, sublima y eleva al cielo el rezo anterior.

 

 

LA SCORDATURA

 

Esta cuestión de una

afinación especial de las cuatro cuerdas del violín para cada sonata es un caso casi único en la historia de la música. La scordatura se utilizaba en alguna rara ocasión para el violín, pero con más asiduidad en otros instrumentos hasta el Seicento, si bien no tuvo gran acogida posterior por la dificultad extrema que ofrece para el violinista el hecho de cambiar constantemente la digitación necesaria. Para cada scordatura, la partitura está indicada con las "notas" que habría que tocar si el violín estuviera afinado de manera "normal" (sol-re-la-mi); sin embargo, al estar afinado de otra manera, el intérprete piensa unas notas mientras que escucha otras distintas. El hecho de que este fenómeno ocurra en 15 maneras completamente distintas entre sí, es uno de los mayores retos de la ejecución. Biber utilizará la scordatura también a menudo en otras obras.

Apenas Paganini o Mahler se atreverían posteriormente a utilizar este recurso en alguna obra suelta, pero sólo en una cuerda del instrumento o para un movimiento aislado. Aquí, como hemos explicado, esto ocurre en las cuatro cuerdas simultáneamente, y cambiando para cada pieza. El colorido y el virtuosismo derivados de esto son realmente expresivos y espectaculares.

La variedad y expresividad de estas piezas es, pues, inagotable, gracias a recursos de todo tipo y originalidad.

 

 

 

SIMBOLOGIA 

 

La pregunta de cuál sería el motivo que llevara a Biber a realizar una obra de tal complejidad y variedad de scordaturas ha llevado a múltiples teorías de simbolismo desde muchos ángulos e interpretaciones:

 

Por un lado encontramos las teorías matemáticas y astronómicas que relacionan la composición con Kepler y sus teorías en "Harmonices Mundi" . La constelación de la Lira simbolizaba el pensamiento armónico en la Astronomía. Muchos quieren ver, en la alusión a este instrumento, así como al sol y la luna en la dedicatoria, una correspondencia con la tan largamente buscada relación platónica de los cuerpos celestes de Kepler.

 

Existen por supuesto motivos programáticos, obviamente religiosos, que consistirían en el establecimiento de un paralelismo entre la scordatura y la historia que cuenta cada Misterio. Así, por ejemplo, la sonata de la Resurrección tiene como scordatura re-sol-re-sol, lo cual en italiano quiere decir "rey sol", clara alusión al Cristo resucitado. En la Visitación, la scordatura son dos pares idénticos de intervalos, como son idénticas las situaciones de Ana y María, y otra vez en la Resurrección cruza las cuerdas centrales entre el cordal y el puente, en clara alusión a la redención por medio de la cruz.

 

No son pocos, por lo demás, los que apoyan las teorías  numerológicas, que basan todo en la propia estructura del número 15=5+5+5 del rezo, con sorprendentes resultados cuando se cuenta el número de notas por sonata. Dieter Haberl comenta,  por ejemplo: "las 496 notas del primer movimiento de la número 1 inducen a pensar que se trata de la plasmación musical del dogma de la Inmaculada Concepción, por ser 496 el tercer número perfecto tras el 6 y el 28. El número total de muchos de los movimientos de estas sonatas es divisible por 22, otro número cargado de referencias simbólicas por corresponder dentro del orden alfabético a la letra x, que representa la cruz."

                                                                                                                                                   

Por último, debe recordarse a aquellos que quieren ver significados alquímicos en la mención del Sol y la Luna, del "Rey Sol", y otras alusiones herméticas.

 

Sea como fuere, la realidad es una y muy clara: se trata de los diversísimos colores con los que el violín suena cuando se cambia su estructura de afinación, y por consiguiente su resonancia de armónicos.

 

Por otro lado, el paso de Cristo y de María por los diversos acontecimientos que se narran en las sonatas los va sintiendo, durante la interpretación, tanto el instrumento como el intérprete.

El aleteo de las alas del ángel de la Anunciación está maravillosamente escrito en la velocidad y agitación del arco en el comienzo y final de la sonata.

El violín se alegra con una scordatura muy resonante en la alegría de la Visitación, se tensa hasta límites insospechados en las Sonatas centrales del expolio y de relaja tras la Resurrección. Tiembla bajo el arco en el terremoto tras la Crucifixión por los acordes extremos y rápidos, y su sonido se abre y expande con facilidad en la celebración de la Asunción.

 

Asimismo, el intérprete sufre el aumento de la tensión de las cuerdas bajo sus dedos ("como el filo de un cuchillo" dice Manze), teme que el instrumento pueda ceder a la tensión máxima, nota cómo el cuerpo del violín resuena extremadamente con la relajación de la tensión en los misterios gloriosos y, tengo que decir, también la mente del violinista, va progresivamente aumentando su desconcierto ante una de las mayores complejidades de la scordatura y se aturde enormemente durante la flagelación. Tras las sonatas dolorosas, la mente va recobrando poco a poco la "cordura" (nunca mejor dicho) según va acercándose la gran fiesta final.

 

Por fin, para cerrar el ciclo, la oración evocando al angel de la guarda -que nos acompaña en nuestra vida al igual que las cuatro notas en ostinato eternum e independientemente de los años y las realidades que van cambiando- ya no hay scordatura, sino solo el recuerdo de ella, la calma, la vuelta a la normalidad para cerrar el círculo y la evocación.

 

No está claro si esta obra está concebida para tocarse como ciclo y de una sola vez, o más bien cada una en un momento del año litúrgico. La respuesta de unos es que no se pueden tocar seguidas en un concierto, ya que son tantas, tan radicalmente diversas las afinaciones exigidas que un solo instrumento no soportaría semejante trasiego de tensiones, si es que no se quiere tener a los oyentes esperando largos lapsos de tiempo hasta que el violín haya redefinido su personalidad sonora con la nueva afinación. Andrew Manze sostiene sin embargo lo contrario: tocarlas con el mismo violín es el único modo de plasmar en puridad todo el simbolismo de la obra, del cual ya hemos hablado.

 

Mi experiencia personal me lleva a considerar ambas posibilidades, si bien cuando las he interpretado todas ha sido necesario repartirlo en tres partes de concierto de unos 50 minutos cada uno, con lo cual se excede la duración habitual del concierto. Y, por supuesto, siempre con varios instrumentos, si bien algunos deben ser reafinados en distintos momentos. La experiencia como intérprete es única, emocional, física y mentalmente, y marcando un antes y un después, viviéndose como en ninguna otra ocasión en absoluta primera persona.

 

 

 

Heinrich Ignaz Franz von Biber dejó este mundo el 3 de mayo de 1704, y nos legó un vastísimo repertorio, regalo especial a los violinistas, que le podemos considerar el primero de los virtuosos de este instrumento rey. Mas siempre un virtuosismo lejano al exhibicionismo o a los vacíos efectos, y dedicado a los más altos ideales humanos, artísticos y espirituales.

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